Por Jorge RamĂłn Rizzo*
Cuando en MĂ©xico se dice coloquialmente que “una zona está caliente”, es porque se trata de una zona con alta actividad delictiva o inseguridad, muchas veces maleantes coludidos con policĂas y autoridades ministeriales. Y en los lĂmites de Puebla y Veracruz durante más de una dĂ©cada quien se encargĂł de “calentar” la zona fue un personaje apodado “El Bukanas”.
La historia de Roberto de los Santos de JesĂşs “El Bukanas” es vista como una “leyenda” debido a su capacidad para evadir operativos policiacos y militares durante casi una dĂ©cada, ocultándose en la geografĂa de la sierra, particularmente en la zona de las Altas Montañas de Veracruz y el llamado Triángulo Rojo de Puebla. Se hizo famoso por escapar en 2018 de un operativo donde participaron 500 efectivos de distintas corporaciones; esa capacidad de evasiĂłn, demostrĂł un nivel de protecciĂłn que iba más allá de la simple astucia criminal.
Albañil, policĂa y comandante, forman su historial antes de convertirse en el capo despiadado al que se le atribuyen ejecuciones de polĂticos, empresarios y policĂas ministeriales. Con el robo de trenes en la zona de las Cumbres de Maltrata, iniciĂł su carrera delictiva; brincando al robo de tráilers, camiones de carga, autobuses de pasajeros y vehĂculos particulares; especializándose en el huachicol; para adentrarse tambiĂ©n en secuestros y homicidios que se le atribuyen a su organizaciĂłn criminal.
Este fin de semana se confirma la detenciĂłn de “El Bukanas”, lo que representa un Ă©xito operativo para la seguridad en los estados de Puebla y Veracruz, especialmente por años de operativos fallidos y una capacidad de escape que evidenciĂł la complicidad institucional existente. Su captura pone bajo la lupa la estructura de “Sangre Nueva Zeta”, organizaciĂłn que logrĂł bajo su mando, dominar el lucrativo mercado del robo de hidrocarburos.
Pero hoy en Focus Group me referirĂ© al fenĂłmeno sociolĂłgico que representa la organizaciĂłn de “El Bukanas” y que resulta perturbador, ya que fue capaz de construir redes de protecciĂłn comunitaria en favor de lĂderes del crimen organizado; por lo que analizar la figura de “El Bukanas” sin entender su relaciĂłn con la comunidad local es omitir la mitad del problema.
ÂżPor quĂ© una poblaciĂłn protege a quien presuntamente genera violencia? Es la pregunta clave para explicar cĂłmo logrĂł evadir a la justicia durante más de diez años; y es que, se apoyĂł en lo que expertos denominan una “fundaciĂłn altruista” o “base social”, que consistiĂł en ir a zonas marginadas del “Triángulo Rojo” y de las Altas Montañas, para que su agrupaciĂłn delictiva sustituyera con “asistencialismo criminal” a un Estado ausente en muchas de esas comunidades, estableciendo desde ayuda econĂłmica directa, pasando por arrendamiento de espacios para la mercancĂa obtenida en los botines y hasta el reclutamiento de informantes para ser alertados de cualquier operativo.
Esta dinámica genera una simbiosis peligrosa, dado que la comunidad recibe beneficios inmediatos, pero se convierte en cĂłmplice y escudo humano de un grupo delictivo, perpetuando el ciclo de pobreza y violencia; por ejemplo, me hacen saber que distribuĂan parte de la mercancĂa y combustible robado o dinero en efectivo a pobladores, ganando lealtad y comprando silencio.
La captura de este objetivo por el que habĂa una recompensa de 5 millones de pesos es una victoria, pero el verdadero desafĂo radica en desmantelar las redes de protecciĂłn social que permiten que otro “Bukanas” surja, reemplazando la “protecciĂłn” delincuencial por una presencia efectiva y social del Estado.
AsĂ que el caso de Roberto de los Santos no termina con su detenciĂłn. Deja un legado de comunidades secuestradas por la violencia, instituciones de seguridad local debilitadas y una red delictiva que, aunque descabezada, probablemente buscará relevo. La justicia será verdadera no solo con la sentencia de “El Bukanas”, sino con el desmantelamiento de las redes de corrupciĂłn y complicidad que permitieron que un objetivo prioritario se convirtiera en un “fantasma” durante tanto tiempo.
El apodo “El Bukanas” suena casi festivo o familiar, pero detrás de ese nombre aparentemente suave y vinculado a una bebida alcohĂłlica, se escondĂa uno de los lĂderes más sanguinarios de los Ăşltimos tiempos, responsable de emboscadas a militares y ejecuciones brutales. La sonoridad del apodo disfraza la naturaleza delictiva del personaje que tambiĂ©n posee un nombre propio casi eclesiástico: Roberto de los Santos de JesĂşs.
Miles de millones de pesos en mercancĂas y combustible pasaron por la organizaciĂłn criminal de este capo. Incluso, a su accionar delictivo por robo de transporte de carga en la carretera Orizaba-Puebla le atañen que las aseguradoras incrementaron hasta en un 40% el costo de las pĂłlizas.
Para finalizar debo decir que la ciudadanĂa en cualquier zona del paĂs no celebra detenciones mediáticas; celebra la disminuciĂłn real de los delitos de alto impacto como el secuestro, la extorsiĂłn y el robo en carreteras. Eso hay que decirlo porque la espectacularidad de una noticia no cambia la realidad ni de Puebla ni tampoco de Veracruz, estados donde la ciudadanĂa percibe climas latentes de inseguridad.
*Periodista/Tlaxcala


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