Por Jorge RamĂłn Rizzo*
Tras semanas de desmentidos, minimizaciĂłn del impacto y señalamientos a supuestas “fugas naturales” o “barcos fantasma”, la verdad saliĂł a la luz: fue negligencia operativa. Y es una admisiĂłn tardĂa que surge justamente cuando el crudo está apareciendo en costas de Estados Unidos. ¡El miedo no anda en burro!
La administraciĂłn federal y la mayorĂa de las administraciones estatales emanadas de la Cuarta TransformaciĂłn ha dejado muy claro que lo suyo, lo suyo, lo suyo: no es el manejo de crisis. La falta de gabinetes de crisis al lado de las y los mandatarios ha hecho que les revienten problemas que pudieron evitar.
El reconocimiento de que la fuga provino del complejo AbkatĂşn-Pol-Chuc no debe celebrarse como un acto de transparencia, sino cuestionarse como una admisiĂłn tardĂa, muy tardĂa, que surge despuĂ©s de un profundo daño a la credibilidad de la presidenta, de secretarios de despacho, de una gobernadora y del mismĂsimo director de Pemex.
Boletinaron oficialmente mentiras en semanas anteriores, no se cansaron de desmarcarse, manejar versiones inexistentes y minimizar hechos que ya estaban lastimando al ambiente, a la sociedad y a la economĂa nacional.
Por fortuna, no se cansaron las organizaciones ambientalistas, incluyendo a CartoCrĂtica, que señalaron mediante imágenes satelitales que el derrame comenzĂł entre el 6 y el 10 de febrero de 2026, sin embargo, el reconocimiento oficial llegĂł semanas despuĂ©s, tras afectaciones a casi 900 kilĂłmetros de playas en Veracruz, Tabasco, Tamaulipas y Texas.
Pemex ha manejado muy mal sus crisis en los Ăşltimos tiempos, ya que prioriza la protecciĂłn de su reputaciĂłn financiera sobre la protecciĂłn de los ecosistemas. En esta ocasiĂłn, mientras se negaba la magnitud del siniestro, el turismo disminuyĂł y las comunidades pesqueras perdĂan su sustento de Cuaresma, un impacto econĂłmico directo por la inacciĂłn y la falta de alertas tempranas.
Pemex ha exhibido un sistema de mantenimiento colapsado y con cero grado de respuesta. Hay un evidente daño ambiental, social y econĂłmico. La crĂtica debe ser directa: la “modernizaciĂłn” prometida para Pemex en la actual administraciĂłn se ha visto opacada por una “normalizaciĂłn” de los accidentes, donde los protocolos de seguridad no están funcionando.
Diversos sectores y organizaciones ambientales como Greenpeace MĂ©xico han señalado a las cabezas de la estrategia energĂ©tica y de supervisiĂłn de Pemex, como el propio titular VĂctor RodrĂguez Padilla, como responsable directo de la tragedia ambiental de febrero y marzo.
Cotemar o Halliburton, empresas operadoras de las plataformas frente a costas de Campeche, tambiĂ©n tendrán que ser investigadas, junto con los tres chivos expiatorios de mandos medios que fueron separados de sus cargos en el interior de Pemex: el lĂder de derrames, el coordinador de Control Marino y el subdirector de Seguridad.
Estamos frente al cierre de un ciclo de opacidad, pero abre una crisis profunda sobre la gestiĂłn ambiental de la empresa estatal. Sobre todo, porque el 60% de los derrames en el Golfo entre 2018 y 2024 no fueron reportados correctamente, segĂşn investigaciones de Focus Group basadas en reportes de la propia ASEA (Agencia de Seguridad, EnergĂa y Ambiente). La cifra nos habla de una cultura corporativa arraigada en la impunidad y la remociĂłn de tres funcionarios tras la confirmaciĂłn de la fuga es una medida necesaria, pero insuficiente si no viene acompañada de una reestructuraciĂłn operativa de fondo.
Aceptar la responsabilidad es solamente un primer paso, para un Golfo de México que no puede seguir siendo tratado como una zona de sacrificio en aras de la producción energética. La sociedad mexicana no solo exige que Pemex limpie la playa, sino que impida que el crudo llegue a ella.
Es momento de rediseñar los protocolos de seguridad en complejos crĂticos como Cantarell, Dos Bocas y la refinerĂa Olmeca, buscando evitar que se repita la cadena de omisiones. AsĂ como establecer programas para evaluar riesgos a la salud, pagar daños a pescadores y comunidades, asĂ como un plan de remediaciĂłn ambiental. Ojalá que ya no pierdan tiempo y se dejen de tarugadas.
*Periodista/Tlaxcala


Leave a Comment