QUE CRECER NO SIGNIFIQUE DEJAR DE SER NIÑOS

La celebración del Día del Niño nos invita a los que ya tenemos más años a reflexionar sobre la importancia de mantener viva la esencia de la niñez a lo largo de nuestras vidas.

AMANECER significa: AMA NACER; es decir, cada día nacemos. Y en este contexto podríamos decir que somos niños, aún siendo adultos. No perdamos el niño que llevamos dentro.

A menudo, asociamos el crecimiento con la pérdida de la inocencia y la curiosidad que caracterizan a los niños, pero en realidad, conservar estas cualidades puede enriquecer nuestra experiencia adulta.

La inocencia nos permite ver el mundo con ojos frescos, sin prejuicios ni cinismo. Mantener esta perspectiva nos ayuda a enfrentar los desafíos de la vida con optimismo y creatividad, buscando soluciones fuera de lo convencional y disfrutando de las pequeñas alegrías cotidianas.

La curiosidad es el motor del aprendizaje y el descubrimiento. Al mantener viva nuestra curiosidad, seguimos explorando, aprendiendo y adaptándonos a un mundo en constante cambio. Esta actitud nos impulsa a buscar nuevas experiencias, conocer diferentes puntos de vista y ampliar nuestros horizontes.

La capacidad de asombro nos conecta con la belleza y la maravilla que nos rodea. A medida que crecemos, podemos sentirnos tentados a dar por sentadas muchas cosas, pero cultivar la capacidad de asombro nos ayuda a valorar cada momento y a mantenernos abiertos a la sorpresa y la admiración.

Crecer no debe significar perder la esencia de la niñez. Mantener viva nuestra inocencia, curiosidad y capacidad de asombro nos permite disfrutar de una vida más plena y significativa, donde cada experiencia es una oportunidad para aprender, crecer y encontrar alegría en lo simple y lo extraordinario. ¡Feliz día del Niño!

Por Luis Martínez Alcántara.